miércoles, 20 de octubre de 2010

Entrelazamiento cuántico en el mundo mecánico

Físicos del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) han demostrado el entrelazamiento – un peculiar fenómeno a la escala atómica del mundo cuántico — en un sistema mecánico similar a los usados en el mundo macroscópico cotidiano. El trabajo extiende los límites de la arena donde puede observarse el comportamiento cuántico y demuestra como la tecnología de los laboratorios podría ser aumentada de escala para construir un ordenador cuántico funcional.

La investigación implica una extraña interconexión entre dos pares de iones vibrantes (átomos cargados) de tal forma que el par vibra al unísono, incluso cuando se les separa en el espacio. Cada par de iones se comprota como dos bolas conectadas por un muelle, vibrando atrás y adelante en sentidos opuestos. Los objetos familiares que vibran de esta forma incluyen péndulos y cuerdas de violines.

El logro del NIST proporciona una visión sobre dónde y cómo los objetos “clásicos” pueden exhibir el inusual comportamiento cuántico. La demostración también mostró técnicas que ayudarán a aumentar de escala la tecnología de trampa de iones para construir potencialmente computadoras ultra-potentes basadas en las reglas de la física cuántica. Si pueden construirse, los ordenadores cuánticos pueden ser capaces de resolver ciertos problemas, tales como ruptura de códigos, exponencialmente más rápido que las computadoras actuales.

“Nadie sabe realmente, dónde está el límite entre los mundos cuántico y clásico”, dice el investigador invitado del NIST John Jost, estudiante graduado de la Universidad de Colorado en Boulder y primer autor del artículo. “Tal vez podamos responder la pregunta descubriendo qué tipos de cosas pueden – y no pueden – entrelazarse. Hemos entrelazado algo que nunca antes lo había sido, y es el tipo de sistema oscilatorio físico que ves en el mundo clásico, sólo que mucho más pequeño”.

Los osciladores mecánicos tales como dos relojes con péndulos ya han sido sincronizados con anterioridad, pero sus vibraciones aún podían ser independientes, por lo que los cambios en uno no tenían efectos sobre el otro. El entrelazamiento cuántico — “la acción fantasmal a distancia”, en palabras de Einstein — es un proceso mucho menor intuitivo: Si dos objetos están entrelazados, entonces al manipular uno se afecta instantáneamente al otro, ni importa lo lejos que se encuentre. Los objetos entrelazados no tienen necesariamente propiedades idénticas, simplemente propiedades que están vinculadas de formas predecibles.

Jost y sus colegas entrelazaron los movimientos vibratorios de dos osciladores mecánicos separados, cada uno de ellos constando de un ión de berilio y otro de magnesio. Cada par se comporta como dos objetos conectados por un muelle de 4 micrómetros (millonésimas de metro) de largo, con el berilio y el magnesio moviéndose atrás y adelante en sentidos opuestos, primero acercándose y luego alejándose, sucesivamente. Los dos pares realizan el movimiento al unísono, incluso aunque están separados 240 micrómetros y situados en distintas zonas de una trampa de iones. Los científicos crearon el estado de entrelazamiento deseado al menos durante el 57 por ciento del tiempo que lo intentaron, y han identificado formas de mejorar este índice de éxito.

El experimento del NIST sugiere que los osciladores mecánicos pueden tomar parte tanto en el mundo clásico como en el cuántico, poseyendo algunas características de cada uno, dependiendo en parte de la energía y otras propiedades de las vibraciones. Los experimentos también lograron la primera demostración combinada de la colocación de iones distintos en un orden deseado, separando y re-enfriándolos mientras preservan el entrelazamiento, y luego realizando posteriores operaciones cuánticas con los iones. Estas técnicas podrían ayudar a los científicos a construir ordenadores cuánticos a gran escala que usen cientos de iones para almacenar datos y realizar muchos pasos computacionales. El mismo grupo del NIST ha demostrado anteriormente los bloques básicos de un ordenador cuántico usando trampas de iones, así como operaciones lógicas rudimentarias.

Para entrelazar en movimiento de los dos osciladores, el grupo del NIST colocó primero cuatro iones juntos en una zona de trampa en un orden lineal concreto (Be-Mg-Mg-Be), y entrelazó los estados de energía interna de los dos iones de berilio. El equipo entonces separó los cuatro iones en dos pares, con cada uno de ellos conteniendo uno de los iones entrelazados. Finalmente, los científicos transfirieron el entrelazamiento de los estados internos de los iones de berilio al movimiento oscilatorio de los pares de iones separados.

Cómo entrelazó el NIST dos osciladores mecánicos

Los físicos del NIST entrelazaron dos sistemas mecánicos vibratorios cada uno constando de un ión de berilio y uno de magnesio, en un experimento que requirió 12 milisegundos, incluyendo la verificación de los resultados, e implicó aproximadamente 600 pulsos láser. Los pasos de abajo extienden la información proporcionada en la figura.

Paso 1 — Inicialmente, los cuatro iones están colocados en la misma zona de una trampa de iones y se enfrían mediante láser a temperaturas muy bajas. Ajustando los voltajes de los electrodos de la trampa los científicos ordenaros los iones de una forma concreta, con los iones más pesados de magnesio entre los iones de berilio. Usando una técnica desarrollada para la computación cuántica hace varios años, los científicos entrelazaron los dos “estados de espín” internos de los dos iones de berilio, que son análogos a diminutos iones que apuntan arriba o abajo. Dos rayos láser ultravioleta, posicionados en ángulos rectos, provocan una oscilación en los iones. Los lásers están ajustados de tal forma que la diferencia entre sus frecuencias es muy cercana a la frecuencia es muy de una de las vibraciones naturales de los iones, el índice al cual oscila adelante y atrás. Basándose en las diferencias en sus espines, los iones “sienten” una fuerza láser distinta que provoca que los iones oscilen de una forma concreta. Este acoplamiento de los estados de espín establece que el movimiento tenga el efecto global de entrelazar los espines de los iones de berilio de una forma controlada.

Paso 2 — Se aplican voltajes al electrodo X para separar los iones en dos pares, los cuales se distribuyen a distintas zonas de la trampa adyacentes a los electrodos A y B. La separación y transporte aumenta la energía del movimiento en los iones oscilatorios.

Paso 3 — Los iones de magnesio se enfrían con láser para eliminar el exceso de energía de movimiento de los iones de berilio, un proceso llamado enfriamiento simpatético debido a que un tipo de ión enfría a otro. Esta es la primera vez que los iones entrelazados han sido re-enfriados antes de operaciones posteriores, una técnica que se espera que sea útil en la computación.

Paso 4 — Manipulando el color y orientación de los láser en una secuencia de pulsos de intensidad y duración específica, los científicos transfieren el entrelazamiento de los espines del berilio al movimiento. Los dos osciladores mecánicos están ahora entrelazados. En condiciones ideales, los iones de magnesio y berilio oscilan adelante y atrás en sentidos opuestos, acercándose y alejándose. Los dos pares realizan un movimiento al unísono, incluso aunque están separados 240 micrómetros y situados en distintas zonas de la trampa.

Los científicos no son capaces de medir los movimientos entrelazados directamente. En lugar de esto, para verificar los resultados, llevan a cabo un procedimiento de limpieza parcialmente durante el experimento para asegurar que el entrelazamiento se ha transferido con éxito del espín de los iones al movimiento mecánico. Entonces, al final del experimento, básicamente revierten el proceso para transferir el entrelazamiento del movimiento del ión de vuelta al espín, para reproducir los estados de espín iniciales del berilio, los cuales pueden medir a través de la luz dispersada por los iones de berilio (el espín arriba dispersa la luz, mientras que el espín abajo no).

La investigación fue patrocinada en parte por la Actividad de Proyectos de Investigación de Inteligencia Avanzada. Los autores incluyen a antiguos becarios de posdoctorado del NIST actualmente en el Instituto Weizmann de Ciencia en Israel y Lockheed Martin de Littleton, Colorado.


Artículo: J.D. Jost, J.P. Home, J.M. Amini, D. Hanneke, R. Ozeri, C. Langer, J.J. Bollinger, D. Leibfried&D.J. Wineland. 2009. Entangled Mechanical Oscillators. Nature. June 4, 2009.
Fecha Original: 3 de junio de 2009
Enlace Original

MEDIDAS CUÁNTICAS: EL SENTIDO COMÚN NO BASTA

Al contrario que la física clásica, la física cuántica predice que las propiedades de un sistema cuántico dependen del contexto en que se midan, es decir, de qué otras medidas se hagan. Un equipo internacional de físicos ha llevado a cabo en Innsbruck un experimento propuesto por el catedrático de la Universidad de Sevilla Adán Cabello en el que se demuestra por primera vez que es imposible explicar los fenómenos cuánticos en términos no-contextuales. El hallazgo se recoge esta semana en la prestigiosa revista Nature. Un experimento demuestra que el universo es 'contextual'.

La mecánica cuántica describe el estado físico de la luz y la materia, y formula conceptos que chocan con la imagen clásica que tenemos de la naturaleza. Por eso los físicos han intentado explicar los fenómenos no-causales de la mecánica cuántica mediante modelos clásicos con variables ocultas, para así excluir la aleatoriedad omnipresente en la teoría cuántica. En 1967, los matemáticos Simon Kochen y Ernst Specker demostraron que para explicar los fenómenos cuánticos con variables ocultas las medidas tenían que ser contextuales. Esto quiere decir que el resultado de una medida tiene que depender de qué otras medidas se hagan simultáneamente. Lo interesante es que las medidas simultáneas son aquí medidas compatibles que no se perturban entre sí.

Interior de una trampa de iones / Foto: IQOQI

Interior de una trampa de iones / Foto: IQOQI

El físico de la Universidad de Sevilla Adán Cabello propuso el año pasado en la revistaPhysical Review Lettersun experimento para observar este fenómeno. El experimento, en el que también ha participado este físico de la Universidad de Sevilla, se ha realizado en el Instituto de Óptica Cuántica e Información Cuántica (IQOQI) de laUniversidad de Innsbruckbajo la dirección de Christian Roos y Rainer Blatt. En una serie de mediciones sobre un sistema cuántico formado por dos iones, los físicos han demostrado que las medidas de determinadas propiedades dependen de qué otras propiedades compatibles se midan sobre el sistema.

Ventaja tecnológica


El experimento ha sido realizado por dos estudiantes de doctorado austriacos, Gerhard Kirchmair y Florian Zähringer, y por un estudiante post-doctoral holandés, René Gerritsma, y ha contado con el apoyo teórico de dos investigadores alemanes, Otfried Gühne y Matthias Kleinmann, y el catedrático de la Universidad de Sevilla Adán Cabello. Los científicos han atrapado una pareja de iones de calcio enfriados por láser en una trampa electromagnética y han realizado sobre ellos una serie de medidas. “Para este experimento hemos usado técnicas que fueron diseñadas para construir un ordenador cuántico. Hemos concatenado hasta seis puertas lógicas cuánticas”, comenta Christian Roos. “Durante más de cuarenta años nadie ha sabido cómo hacer este experimento, se pensaba incluso que era imposible. La suerte ha sido descubrir cómo hacerlo justo en el momento en el que tecnológicamente era posible hacerlo”, explica Adán Cabello.

Hasta el año pasado no se habían logrado hacer puertas lógicas casi libres de errores. Precisamente fue el grupo de Rainer Blatt en Innsbruck el primero en lograr puertas lógicas con fidelidades del 99%. Con esta ventaja tecnológica los científicos han logrado ahora la primera prueba exhaustiva de que los fenómenos observados experimentalmente no pueden describirse mediante modelos de variables ocultas no-contextuales. El resultado es independiente del estado cuántico – se ha comprobado en diez estados diferentes.

Aleatoriedad cuántica


Ya en 1935, Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen cuestionaban que la mecánica cuántica fuese una teoría completa puesto que no era una teoría física “realista” – crítica que se conoce en el mundo científico como la paradoja EPR. A mediados de los 60, John Bell demostró que la mecánica cuántica no puede ser al mismo tiempo una teoría realista y local, lo cual ha sido, desde entonces, corroborado en numerosas experimentos. El teorema de Kochen y Specker excluye los modelos realistas no-contextuales pero, hasta ahora, nadie había logrado una demostración experimental convincente.

Imagen de dos iones en el interior de una trampa electromagnética / Foto: IQOQI

Imagen de dos iones en el interior de una trampa electromagnética / Foto: IQOQI

Siguiendo la propuesta de Adán Cabello, el grupo de Innsbruck ha logrado demostrar experimentalmente la imposibilidad de modelos realistas no-contextuales. Los físicos han tenido el apoyo de la Junta de Andalucía, el Ministerio de Ciencia e Innovación, laAustrian Science Fund (FWF), la Unión Europea y la Intelligence Advanced Research Projects Activity (IARPA) de los Estados Unidos.

Publicación:

State-independent experimental test of quantum contextuality. G. Kirchmair, F. Zähringer, R. Gerritsma, M. Kleinmann, O. Gühne, A. Cabello, R. Blatt, y C. F. Roos, Nature 23 de julio 2009 (DOI: 10.1038/nature08172).

Einstein: La discontinuidad Cuántica

Una aureola mítica rodea al genio del siglo XX, sin duda el más famoso científico de nuestra centuria.

Fue sobre todo la teoría de la relatividad, considerada revolucionaria desde su aparición en 1905, lo que valió a Einstein este reconocimiento universal. Pero en ese mismo año publicó otro artículo que enunciaba la que iba a ser la otra teoría fundamental de la física moderna, la física cuántica.

¿ Como llegaría Einstein a la idea de la discontinuidad cuántica ?

Einstein leyó a los veintiún años la teoría de los gases del físico Ludwig Boltzmann, de la que ya hemos hablado al desarrollar la obtención de la constante de Plank, su entusiasmo lo llevó a dedicarle sus primeros trabajos a este tema entre 1902 y 1904. Esta teoría abarca la mayor parte de lo que actualmente llamamos "termodinámica estadística". Permitía deducir las manifestaciones macroscópicas de un cuerpo, el calor o el trabajo que puede intercambiar con el exterior, a partir de la hipótesis sobre la estructura y el movimiento de entidades microscópicas subyacentes (básicamente átomos).

Sistematizada y generalizada la "teoría cinética de los gases" del alemán R. Clausius y el ingles J.C. Maxwell, según la cual la presión de un gas sobre una pared debía interpretarse y calcularse como la media estadística de los impactos de las moléculas de dicho gas y la temperatura como una magnitud proporcional a la energía cinética media de las moléculas. Hay que recordar que en el momento de cambio de siglo este tipo de teoría se inscribía en un contexto innovador y se basaba en la hipótesis de la existencia del átomo, en discusión por aquellos días.

Contra la ruidosa minoría positivista y los energetistas, que pensaban poder prescindir de tales entes individuales, Einstein comprendió muy pronto que la unificación de la física de su tiempo podía pasar por la teoría de Boltzmann, que sometía a los átomos a los mismos conceptos mecánicos que los objetos celestes.

En un famoso escrito de 1877, Boltzmann expresó una de las magnitudes termodinámicas fundamentales, la entropía S de un cuerpo, en función de una "probabilidad" W, a su vez derivada de una hipótesis fundamental: Boltzmann identificaba a esta "probabilidad" con el número de "complexiones", es decir, en el caso particular de un gas diluido, con el número de elecciones posibles de la posición y las velocidades de las moléculas conformes con un estado macroscópico dado. Boltzmann admitió una discontinuidad formal de los estados mecánicos de las moléculas: las variables de posición y velocidad sólo podían tener un número finito de valores mutuamente discernibles. Recurría al número de complexiones resultante para calcular la probabilidad de un estado macroscópico. Luego calculaba la entropía de este mediante su célebre fórmula " S = k. ln W " que indicaba que la entropía S es proporcional al logaritmo neperiano de la probabilidad ( k es la constante de Boltzmann ya especificada ). Se obtenía así la entropía de un gas perfecto de la termodinámica clásica a condición de admitir "sin justificación satisfactoria" una distribución uniforme de los valores discretos de la velocidad.

Bolzmann, está claro, sólo veía un artificio matemático sin relación alguna con la dinámica molecular.

Einstein consideró insuficiente las justificaciones que Boltzmann diera de sus complexiones y trató de precisar el papel de las probabilidades en la termodinámica estadística. Lo hizo redefiniendo "probabilidad" en estado macroscópico de un sistema como la fracción durante la cual la configuración macroscópica del sistema está en dicho estado. Según Einstein, estas fracciones temporales son necesarias para definir las probabilidades que aparecen en la relación de Boltzmann, y expuso sus resultados en tres artículos publicados entre 1902 y 1904.

A finales de 1904, principios de 1905, Einstein pensó aplicar sus métodos estadísticos al problema de la radiación negra. En su famoso artículo de 1905 titulado "Un punto de vista heurístico sobre la producción y transformación de la luz" demostró primero que una aplicación simultánea de su termodinámica estadística y de la electrodinámica de Maxwell llevaba necesariamente a una ley espectral incompatible con las observaciones, e incluso absurda, ya que implicaba una energía total infinita de la radiación (catástrofe ultravioleta).

Una vez constatado el fracaso de la electrodinámica clásica para dar cuenta de la radiación negra, Einstein trató inmediatamente de encontrar una concepción substitutiva.

De acuerdo con la estrategia general recomendada en su termodinámica estadística, calculó, para la radiación negra de débil densidad, la dependencia de la entropía con el volumen, y de ahí obtuvo la probabilidad que tendría que tener una fluctuación de la radiación para que esta se hallara concentrada en una fracción del volumen de la cavidad. el resultado de semejante cálculo es idéntico al que se obtendría para un gas diluido a condición de identificar el número de moléculas de dicho gas con un número de "cuantos" de energía kbn. La constante b es universal aparece en la distribución espectral empírica, k es la constante de Boltzmann y n es la frecuencia de la radiación considerada.

Einstein comentó naturalmente: "Una radiación monocromática de débil densidad se comporta, por lo que atañe a la teoría del color, como si estuviera formada por cuantos de energía mutuamente independientes ,kbn" Tuvo la audacia de proseguir así: "...nos vemos llevados a preguntarnos por la posibilidad de que las leyes de la producción y transformación de la luz tenga la misma estructura que tendrían si la luz estaría formada por este cuerpo por la ley de conservación de la energía."

El resto del artículo recogía los frutos de la hipótesis heurística proponiendo una teoría del efecto fotoeléctrico, así como una explicación de otros fenómenos de transformación de la luz. En general, la frecuencia de la luz emitida o absorbida por un cuerpo estaba relacionada con la energía ganada o perdida por este cuerpo a través de la ley de conservación de la energía.

Como vimos Plank publicó en 1900 la célebre fórmula que lleva su nombre y representa bastante bien el espectro experimental. ¿ Por qué Einstein no hizo mención alguna del trabajo de Plank ?. Su razón estriba, como lo explicó en 1906, que en aquel entonces creía que " en cierto modo la teoría de Plank era opuesta a la suya."

En su razonamiento vimos como Plank introducía unos "elementos de energía" hn de valor idéntico a kbn, pero pensaba poder hacerlo sin contradecir realmente las leyes de termodinámica por él conocidas, sobre todo sin restringir los valores posibles de la energía de las fuentes o de la radiación.

Desde 1897 Plank se ocupó de la radiación negra donde su principal preocupación consistió en preservar la validez absoluta del segundo principio de termodinámica.

Percibimos aquí las diferencias entre los dos hombres de ciencia. No es una diferencia que pueda reducirse a opciones filosóficas antagónicas, sencillamente Plank no estaba dispuesto a abandonar unos principios que tan útiles habían sido para sus investigaciones y para la física en general.

Hasta fines del siglo pasado Plank se había opuesto al atomismo y a las concepciones estadísticas con él relacionadas, pues la interpretación del calor como manifestación de la agitación de los átomos reducía su querida ley de la entropía a una ley probabilística. Antes de aceptar semejante herejía prefería renunciar a la hipótesis atomista.

Así, el padre de la teoría cuántica no pensaba en modo alguno romper con el ideal clásico de la continuidad. Más tarde combatió a las ideas de discontinuidad intrínseca de la energía y todavía más la de los cuantos de luz. recién en 1922 debió rendirse ante las pruebas de los experimentos llevados a cabo por Stern y Gerlach en Alemania al observar la cuantificación del momento magnético del átomo de plata.

Cuando, en 1906, Einstein consideró la cuestión de la relación de su trabajo con el de Plank, se dio cuenta que el aparato formal de esta última teoría podía reinterpretarse de un modo compatible con su hipótesis de los cuantos luminosos. Bastaba admitir que la energía puede variar en saltos, correspondiendo cada salto a la emisión o absorción de un cuanto luminoso.

Plank sólo admitió en 1907 la necesidad de una discontinuidad cuántica a escala de los átomos.

La teoría enunciada por Einstein aparejaba otro problema, de mayor fondo, cualquier teórico preocupado por la coherencia, y Einstein lo era, no podía admitir tales propiedades corpusculares de la luz sin contradecir la explicación ondulatoria de los fenómenos ópticos y electromagnéticos. Así pues había que refutar los cuantos luminosos o desesperarse ante una física paradójica. Los años corrobarían la segunda opción.

Paralelamente a la evolución de las teorías de la radiación, la idea de la discontinuidad cuántica de la energía de los átomos se fue abriendo camino rápidamente. Muy pronto, en 1907, Einstein pensó aplicarlo al cálculo de los calores específicos de los sólidos, con un éxito empírico espectacular. Más tarde, el éxito de la teoría de Bohr impuso la cuantificación de la energía de los átomos como alternativa más constructiva a las concepciones clásicas.

Sin embargo, poco después de los trabajos fundamentales de 1905 y 1907, surgió la tradición de atribuir a Plank el descubrimiento de la discontinuidad cuántica.

FISICA CUANTICA


Max Planck - A un siglo de la teoría que cambió el mundo

La mecánica cuántica: una revolución científica y filosófica cumple 100 años - Iniciada por Max Planck, postula la imposibilidad de predecir con exactitud el futuro e introduce el azar en la ciencia - Sus ecuaciones permitieron desarrollar el transistor, el láser y los tomógrafos - Debido a que demuestra extraños fenómenos, sus implicancias todavía se discuten

Hace cien años, en un día como hoy, el físico Max Planck presentó en la Sociedad Física de Alemania un trabajo que cambiaría para siempre nuestro modo de ver el mundo. A primera vista, la especulación científica no despertó un entusiasmo superlativo: planteaba que la energía no puede producirse en forma continua o en porciones de una dimensión cualquiera, sino sólo en ciertos paquetes que él llamó cuantos (del latín, quantum). Las ecuaciones permitían describir por primera vez muy bien la distribución de la energía emitida por un cuerpo caliente.

Pero aunque al principio Planck y sus colegas no se dieron cuenta plenamente de sus alcances, la hipótesis planteada el 14 de diciembre de 1900 (y a la que el científico alemán había llegado, como confesó, en un acto de desesperación) era el comienzo de una revolución que desbarataría la imagen de la naturaleza que percibimos por los sentidos.

La física extraña

La mecánica cuántica, cuyo significado cabal todavía discuten los físicos, se convertiría desde entonces en la base de la ciencia moderna y explicaría todo un conjunto de extraños efectos que se registran tanto en el mundo subatómico como en las vastedades del cosmos.

Las reglas de la mecánica cuántica admiten, por ejemplo, que una partícula subatómica (como un electrón) esté en dos partes al mismo tiempo, o en ninguna de las dos, hasta que alguien la observa.

Para Daniel Domínguez, del Centro Atómico Bariloche, "La teoría cuántica es la más revolucionaria del siglo XX, tanto por sus consecuencias filosóficas como prácticas".

El físico argentino Daniel Bes coincide: "No es posible disminuir la importancia de la mecánica cuántica, tanto en nuestro pensamiento científico como en los instrumentos que usamos diariamente. Se sabía qué era una onda y cómo se comportaba una partícula, pero se descubrieron fenómenos en los que una partícula se comportaba como onda, y viceversa. Es como si alguien ve a un conejo trepar un árbol, lo que es explicable si el conejo fuese un gato. Pero no lo es".

Las ecuaciones de Planck comenzaron siendo poco más que una curiosidad. Pero dos décadas más tarde, un grupo de jóvenes brillantes apadrinados por Neils Bohr, director del Instituto de Física de Copenhague que se había transformado por entonces en el centro de la ciencia europea, descubrieron en sus postulados el germen de un nuevo paradigma científico.

El azar y la necesidad

Una de las figuras clave de esta historia fue Werner Karl Heisenberg, que por entonces tenía 24 años. El científico alemán enunció el principio de incertidumbre, que demuestra que las partículas no poseen posiciones y velocidades definidas.

"La ciencia y nosotros mismos hacemos dos tipos de afirmaciones -explica Mario Castagnino, del Instituto de Astronomía y Física del Espacio-. Decimos, por ejemplo:

1.- El viernes habrá luna llena.

2.- El número 000.001 tiene un millonésimo de probabilidad de ganar la lotería. La primera es una afirmación clásica, una certeza. La segunda es una afirmación probabilística o estadística. Mientras que la antigua mecánica de Isaac Newton hacía afirmaciones del primer tipo: "Tal día habrá un eclipse de sol", a comienzos del siglo XX comenzó a observarse que las afirmaciones que pueden hacerse de las partículas son del segundo tipo."

Así, la mecánica cuántica incorporó el azar a la naturaleza, una idea que repugnó a Albert Einstein hasta su muerte y que lo llevó a advertir que: "Dios no juega a los dados".

"En la práctica, la cuántica es importantísima -sugiere Castagnino-. Ella nos dice por qué los transistores funcionan y en consecuencia por qué lo hacen las computadoras. Pero tal vez es su importancia filosófica la que la hace tan enormemente interesante. Según sus postulados, resulta que no existe certeza absoluta sobre ningún suceso del universo."

Como afirma John Wheeler en un artículo aparecido esta semana en The New York Times, la cuántica es también un misterio. Explica el mundo, pero no puede explicarse a sí misma. "Tal vez -reflexiona Wheeler-, cuando sepamos por qué existe el cuanto, también podremos explicar la existencia."

Antes y después de Planck

La hipótesis que lo cambió casi todo - La mecánica cuántica decretó el fin de las ideas de Laplace que habían reinado durante el siglo XIX.

El pensaba que existía un conjunto de leyes que permitía predecir todo lo que sucedería en el universo si se conociera su estado exacto en un momento dado. Y hasta llegó a creer que el mismo tipo de leyes gobernaba el comportamiento humano.

La mecánica cuántica, por el contrario, no predice un único resultado de cada observación, sino un número de resultados posibles y las probabilidades de cada uno. Introduce la aleatoriedad y la incertidumbre en la ciencia.

"Hasta ahora no han aparecido contradicciones de los fenómenos naturales con las predicciones de la mecánica cuántica -explica el doctor Bes-, a pesar de que hubo varias revoluciones científicas posteriores. Pero todavía se sigue discutiendo acerca de su interpretación de la mecánica cuántica e, incluso, si hace falta dicha interpretación. La última verificación fue realizada hace diez años por Aspect, y da lugar a pensar en el teletransporte.

"Muchas de las experiencias imaginadas (gedankenexperiment) por los teóricos de la cuántica están siendo realizadas actualmente. Y se vislumbran en el horizonte revoluciones en física, química y biología, progreso del cual nuestro país se ha mantenido horrorosamente alejado."

Físicos tras una esquiva partícula subatómica

GINEBRA (AP).- Un grupo de científicos del Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) que buscan un elemento fundamental de la estructura del universo habrían alcanzado a ver la esquiva partícula subatómica llamada bosón de Higgs. Si encuentran suficientes indicios de esta partícula, considerada en teoría el origen de la masa de todo lo que hay en el universo, deberán decidir si postergan el reemplazo de su gran acelerador de partículas y utilizan al máximo este equipo anticuado con la esperanza de ganarles a sus rivales norteamericanos. "Puede suceder cualquier cosa", afirmó un vocero del CERN. Se considera que el descubridor de esta partícula ganará el Premio Nobel de Física.

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lunes, 18 de octubre de 2010

REFLEXIONES SOBRE LA MECÁNICA CUÁNTICA

CARLOS ALBERTO HERAS

Carlos Alberto Heras, doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata, es Profesor Titular jubilado de la Universidad de Oriente, Cumaná, Venezuela. Ha publicado una veintena de trabajos de comunicaciones a congresos nacionales e internacionales sobre temas de física nuclear. Es co-autor de un libro publicado por la Comisión de Energía Atómica de EE.UU. Ha colaborado con el CONICIT de Venezuela. Dirección: Calle 12 N' 56, 1896 City Bell, Argentina.

Introducción

El propósito de este ensayo es dar una breve exposición de la mecánica cuántica, en primer lugar por su importancia en el desarrollo de la filosofía de la ciencia y, en segundo, para tratar de aclarar algunos puntos que han dado lugar a interpretaciones erróneas que aún se exponen en ramas ajenas a la física.

Breve historia

La mecánica cuántica es la última de las grandes ramas de la física en aparecer. Lo extraordinario es que se desarrolla en unos 30 años adquiriendo prácticamente su forma actual en la segunda mitad de la década del 20. Esto contrasta con la mecánica que puede decirse se inició con Arquímedes doscientos años antes de nuestra era, se desarrolló lentamente durante la Edad Media, nace realmente en el siglo XVII con los trabajos de Galileo Galilei e Isaac Newton, y alcanza su esplendor en los primeros años del siglo XIX, dominando la filosofía como sólo Aristóteles lo había logrado en los casi veinte siglos que precedieron a Galileo. Tiene la importancia de que en su seno nace el método científico. La segunda rama a desarrollarse fue el electromagnetismo en el siglo XIX, aunque ya en el siglo XIII Petrus Peregrinus, un precursor de la investigación experimental, se había ocupado de los imanes, dando origen a los experimentos y teoría desarrollados por William Gilbert en 1600. En la primera mitad del siglo XIX, Faraday unificó electricidad y magnetismo y James Clerk Maxwell logró en 1873 la formulación actual del electromagnetismo. Albert Einstein la completó en 1905 con las correspondientes leyes de movimiento en lo que se conoce como teoría especial de la relatividad, demostrando además que el electromagnetismo era una teoría esencialmente no mecánica. Culminaba así lo que se ha dado en llamar física clásica, es decir, no cuántica. Merece mencionarse un capítulo especial desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX: la mecánica estadística; con ella se logró explicar, mediante el uso de métodos estadísticos en conjunción con las leyes de la mecánica, las leyes esencialmente descriptivas de la termodinámica y dar cuenta de numerosos hechos asociados con sistemas de muchos componentes. Ninguno de estos desarrollos es una simple "abstracción" de los datos, aunque Newton, influido de Francis Bacon, lo creyera así.

Fue precisamente en el seno de la mecánica estadística donde nacen las ideas cuánticas. En 1900, Max Planck, para poder explicar la distribución estadística de frecuencias de la radiación emitida por un cuerpo negro, enuncia la hipótesis de que la radiación electromagnética es absorbida y emitida por la materia en forma de cuantos de energía definida proporcional a su frecuencia; la constante de proporcionalidad se denomina constante de Planck y es de fundamental importancia en la mecánica cuántica. Es probable que la idea de Planck hubiera quedado muchos años como hipótesis ad hoc si Einstein no la hubiera retomado, proponiendo que la luz, en ciertas circunstancias, se debe tratar como un conjunto de partículas independientes de energía (los cuantos de luz o fotones) que se comportan como las partículas de un gas. Usó este punto de vista heurístico (como él mismo lo llamó) para desarrollar su teoría del efecto fotoeléctrico (emisión de cargas por efecto de la radiación, tan usada actualmente en dispositivos de control). Publicó esta teoría en 1905 y le valió el Premio Nobel en 1921. La aplicó también para dar una teoría del calor específico (la cantidad de calor necesaria para aumentar en una unidad la temperatura de la unidad de masa de un cuerpo). Con ella no sólo resolvió problemas que se habían presentado durante el siglo XIX sino que predijo nuevos hechos que se verificaron experimentalmente entre 1910 y 1911.

En 1913, Lord Ernest Rutherford descubre experimentalmente que la carga del átomo está concentrada en un núcleo cuyo tamaño es miles de veces menor que el del átomo. El mismo año Niels Bohr propone su modelo planetario cuántico del átomo: los electrones describen alrededor del núcleo órbitas determinadas, es decir cuantizadas, con la hipótesis ad hoc de que en las mismas no emiten radiación tal como se esperaría de la teoría electromagnética. La teoría tuvo gran éxito para explicar las frecuencias de radiación características de cada elemento, que hoy se usan para determinar con extraordinaria precisión la composición química de materiales. Pero no era una teoría fundamental y se le tuvieron que agregar hipótesis ad hoc para acomodar nuevos datos experimentales.

Mientras tanto, Einstein se había dedicado a su famosa teoría general de la relatividad y retoma sus estudios cuánticos a principio de la década del 20, proveyendo una demostración correcta de la ley de Planck. En 1924 apoyó decididamente un nuevo método estadístico propuesto por el joven físico hindú S.N. Bose y lo aplicó a un gas de partícula materiales, conocido hoy como gas de Bose-Einstein, con nuevas e interesantes propiedades que muchos años después se encontraron experimentalmente en el helio a bajísimas temperaturas (del orden de –270ºC). Por esa época conoce la tesis doctoral de Louis de Broglie en la cual se propone que cada partícula material tiene una longitud de onda asociada inversamente proporcional a su momentum (su masa por su velocidad, concepto introducido por Newton y fundamental en la mecánica). Einstein se sintió atrapado por esa idea porque transportaba al campo de la materia su idea de la dualidad onda-partícula y llegó a sugerir diversas posibilidades experimentales para demostrar la existencia de estas ondas materiales. De hecho, la confirmación vino exactamente de los mismos experimentos diseñados para demostrar la naturaleza ondulatoria de los rayos X. Y misteriosa y trágicamente, éste es el último apoyo que las ideas cuánticas recibieron de uno de los más grandes genios de la humanidad. El oponerse a la nueva mecánica cuántica le granjeó la total soledad científica hasta su muerte en 1955. Sin embargo sus ideas gobernaron, consciente o inconscientemente, desarrollos de la mecánica cuántica en las décadas de los 40 y 50, y perduran hasta el presente en las teorías de la gran unificación de las fuerzas fundamentales de la naturaleza que están actualmente en desarrollo, aunque, curiosamente, es la gravitación que tanto ocupó a Einstein la que se "resiste" a ser unificada.

Resumiendo la situación hasta 1925, Einstein había demostrado con su teoría especial de la relatividad que el electromagnetismo no podía tener una interpretación mecánica como se había creído, lo cual implicaba una dualidad en la naturaleza: por un lado lo mecánico y por otro lo electromagnético. El mismo apoyó la dualidad inversa: partículas que se comportan como ondas. Opinaba que la solución estaba en una teoría de campos que lo abarcaba todo. Esencialmente un campo es un ente que asigna a cada punto del espacio (más correctamente del espacio-tiempo) un número tal como la temperatura o la presión, o un número y una dirección (vector) como pueden serio la fuerza gravitacional o la electromagnética. Einstein trabajó infructuosamente en esta idea hasta su muerte, encarándola desde un punto de vista clásico.

Pero hay que volver a esta breve historia. En 1925 los físicos alemanes Werner Heisenberg y Max Born, junto con el matemático Pascual Jordan proponen la primera formulación de la mecánica cuántica usando métodos algebraicos. Poco después, en 1926, el físico austríaco Erwin Schrödinger propone una formulación en términos del más tradicional cálculo infinitesimal (iniciado por Newton) y él mismo demuestra pocos meses después la equivalencia matemática de las dos formulaciones. En 1928 el veinteañero británico Paul Adrian Maurice Dirac hace una formulación abstracta desde el punto de vista matemático teniendo en cuenta la teoría de la relatividad de Einstein. Esta formulación no sólo contiene como casos particulares los dos desarrollos anteriores, sino que incluye automáticamente una nueva propiedad de las partículas descubierta por esos años, el espín, y que se puede interpretar como un giro de la partícula sobre sí misma como la tierra, aunque este concepto no tiene significado en la mecánica cuántica; se trata de una propiedad estrictamente cuántica que, entre otras cosas, completa la descripción fundamental del magnetismo iniciada por Einstein con su teoría de la relatividad. Aún más, predice la existencia de un electrón positivo, el positrón, que se descubrió experimentalmente pocos años después. Así, con 25 años de tradición y menos de tres años de desarrollo nace una nueva ciencia la mecánica cuántica con su formulación definitiva. Fue un proceso demasiado rápido como para que pudiera ser asimilado, incluso por sus propios creadores, como se verá a continuación.

Problemas en la nueva ciencia

Los dos primeros problemas que se presentaron fueron: uno, el descubrimiento por Born de que la mecánica cuántica era esencialmente probabilística y el otro, las relaciones de incerteza de Heisenberg. Ambos están relacionados con la idea que se tenía entonces sobre la causalidad en los fenómenos naturales. Baste recordar que la característica más importante de la causalidad es que nada surge de la nada o desaparece en la nada o, equivalentemente, todo acontecimiento es producido por otros acontecimientos anteriores. Esto es muy razonable y cualquier científico estaría dispuesto a aceptarlo. Sin embargo, el éxito clamoroso de la mecánica clásica, y del electromagnetismo después, hicieron surgir la idea de que el concepto de causalidad se hace preciso en un dado contexto únicamente en términos del determinismo físico (Bernays, 1979). Este estaba conectado con la forma matemática de las leyes físicas entonces conocidas. De acuerdo con ellas los valores de las cantidades que caracterizan el estado del sistema están determinadas exactamente para todo tiempo si se las especifica para un dado tiempo inicial. Esto se extrapoló en lo que se podría llamar doctrina determinista, según la cual la evolución de todo el universo estaría determinado en la forma que prescriben las leyes de la mecánica clásica y el electromagnetismo. Incluso se llegó a decir que un ser especialmente dotado (que se llamó demonio de Maxwell) si conociera la posición y el momentum de todas las partículas del universo en un instante dado, podría predecir el comportamiento futuro de todo, incluyendo el ser humano. Pero la nueva teoría decía, esencialmente, que dada una causa, el efecto sólo se puede predecir con cierta probabilidad calculada con las ecuaciones fundamentales de la teoría. Sin embargo, el hecho no era nuevo. En la mecánica estadística, iniciada en la segunda mitad del siglo XIX y continuada por Einstein y Enrico Fermi para incluir las nuevas ideas cuánticas, también había este tipo de causalidad probable. Pero los físicos decían que esto se debía a la imposibilidad práctica de conocer la posición y el momentum de todas las partículas que componen un sistema porque son billones de billones; por eso había que contentarse con usar métodos estadísticos como lo hacen las compañías de seguros.

Es natural, entonces, que el hecho de que la teoría, por sus postulados, fuera esencialmente probabilística, escandalizara a las mentes deterministas de la época. Einstein llegó a decir "estoy convencido de que El no está jugando a los dados" (Einstein, 1926), Las discusiones continuaron por medio siglo. Algunas han servido para aclarar conceptos de la filosofía de la ciencia (p. ej. Yourgrau, 1979), otras han dado lugar a intentos de corregir la mecánica cuántica, como la introducción de "variables ocultas" que restituirían el determinismo clásico a la teoría.

Para discutir mejor las relaciones de Heisenberg y para otras consideraciones posteriores, es conveniente dar una idea de la estructura matemática de la mecánica cuántica. El estado de un microsistema (átomo, electrón, molécula, cte.) se representa mediante un vector en un espacio vectorial cuyas propiedades son una generalización de las del espacio ordinario que conocemos El número de dimensiones de dicho espacio (que puede ser infinito) depende del microsistema en crudo. Las variables dinámicas (posición, momentum, energía, etc.) se representan por operadores especiales que actúan en ese espacio. Un operador es esencialmente una operación, por ejemplo, "sumar 3" o "dividir por 3". El álgebra de operadores es casi igual al álgebra elemental con una importante diferencia: el producto puede no ser conmutativo de modo que operar en un cierto orden puede no ser lo mismo que operar en sentido inverso, como en los ejemplos citados. Cuando un operador actúa sobe un vector de estado se obtiene otro vector de estado en el mismo espacio. Si ocurre que ese otro estado es proporcional a aquél sobre el cual se operó, se dice que es un autoestado del operador y que la constante de proporcionalidad es el autovalor correspondiente del operador. El valor numérico de los autovalores de un operador es lo que eventualmente se comparará con los datos experimentales. El cálculo de los autovalores del operador energía para el átomo de hidrógeno fue el primer éxito resonante de la mecánica cuántica pues dieron cuenta de las frecuencias de radiación emitidas por dicho átomo que entonces estaban medidas con gran precisión. Se encontró que bastaba un número finito de operadores que conmutan entre sí para caracterizar un microsistema. Este conjunto es completo en el sentido de que un operador adicional no conmuta con los anteriores.

Se considerarán ahora las relaciones de Heisenberg. Existe un teorema matemático general que dice que el producto de las dispersiones estadísticas de dos operadores que no conmutan es mayor que cierto número que depende de los operadores en cuestión. Las dispersiones se calculan conforme a la definición elemental; la forma de calcularlas depende del campo de aplicación. Hay que insistir que se trata de un teorema matemático que nada tiene que ver con la mecánica cuántica. Heisenberg demostró este teorema para el caso de dos operadores importantes: el momentum y la posición, los cuales no conmutan. La importancia de estas variables dinámicas es que en mecánica clásica su conocimiento preciso permite determinar exactamente el estado de un sistema (basta conocerlos en un instante inicial). Es imaginable el asombro que provocó en los físicos de entonces el hecho de que el momentum y la posición no se pudieran determinar simultáneamente con toda la precisión que se quisiera. Para los físicos contemporáneos, quienes en su mayoría saben más mecánica cuántica que mecánica clásica, el hecho sólo significa que como los operadores momentum y posición no conmutan, no se pueden usar simultáneamente para describir un microsistema. Y esto es lo que dicen los postulados fundamentales de la mecánica cuántica, que sólo se aplica a electrones, núcleos y cosas parecidas y no a planetas, ladrillos y cosas parecidas. Lamentablemente las relaciones de Heisenberg recibieron el nombre de "relaciones de incerteza", el cual es de contenido netamente sicológico. Algunos las elevaron de categoría llamándolas "principio de indeterminación" y de ahí que ciertos comentadores (deterministas por supuesto) llegaron a la conclusión de que la mecánica cuántica contradice el principio de causalidad. Otros la llevaron a campos de la ciencia distintos de la física desprovistas de su contexto, dando lugar a opiniones como "Pero las ciencias duras del siglo XX ya no son tan duras: desde el principio de incertidumbre de Heisenberg las ex leyes físicas son unas constataciones estadísticas de repeticiones de frecuencia" (Imaz, 1988). De todas maneras, las discusiones sobre las relaciones de Heisenberg y la no conmutación de operadores en la física cuántica continuaron y sirvieron para aclarar la filosofía de la nueva ciencia. Baste mencionar que en 1977 se realizó en Munich un congreso en homenaje a Heisenberg que se denominó "Pensamiento y despensamiento en la obra de Heisenberg", y también un trabajo de James L. Park y Henry Margenau (Park, 1979) el cual tiene el defecto que usa una terminología tradicional que llevó a confusiones, de la cual se hablará a continuación.

El tercer problema que ha confrontado la mecánica cuántica es el uso de la interpretación de su formulismo matemático. La primera que apareció y que aún figura en la mayoría de los textos se conoce con el nombre de doctrina de Copenhagen y fue elaborada por los grandes que construyeron la teoría: Bohr, Heisenberg, Born, Dirac y el matemático John von Neumann, quien elaboró un formalismo alternativo al de Dirac por razones que se mencionan más adelante. El nombre proviene de la vinculación de todos ellos con el Instituto de Física de esa ciudad que el gobierno danés había ofrecido a Bohr con motivo de su Premio Nobel en 1922. Mario Bunge ha hecho una excelente crítica a dicha doctrina (v. p. ej. Bunge, 1967a, b) como preparación a su formulación de la mecánica cuántica conforme a los rasgos generales de la ciencia (Bunge, 1967b, pp. 235-306).

Con referencia a la breve descripción matemática dada más arriba, considérese el siguiente postulado: "Si el sistema se encuentra en un estado que es autoestado del operador que representa una de sus propiedades, entonces el valor numérico de esa propiedad es el autovalor correspondiente a ese autoestado". En la doctrina de Copenhagen el mismo postulado aparece en la forma: "Si el sistema se encuentra en un estado que es autoestado de uno de sus observables correspondiente al autovalor a, entonces cuando el observador mide dicho observable obtiene con certeza el valor a". Como se ve, en dicha doctrina se llama "observable" al operador que representa una propiedad o variable dinámica de un sistema. Se dice que es medible, implicando observable directamente lo cual es falso, y se habla de que un observador obtiene con certeza el valor teórico, que también es falso. En primer lugar, la certeza (de neto contenido sicológico) no es importante en ciencia. En segundo lugar, la observación está totalmente separada de la teoría. En tener lugar, todo resultado experimental está afectado de error y por lo tanto no puede ser igual a un resultado teórico. Finalmente, la aplicación de la mecánica cuántica a sistemas complejos requiere introducir modelos de los mismos cuya validez es limitada, llegando a resultados teóricos que pueden ser bien diferentes de los experimentales, pudiéndose hacer únicamente una confrontación global (conjunto de autovalores) y no de detalle (autovalor por autovalor) como pretende la doctrina de Copenhagen.

La razón de esta terminología de la interpretación de Copenhagen hay que buscarla en la filosofía positivista-subjetivista en boga en la década del 20 que dogmatizaba que la ciencia no se refiere a la realidad sino a la experiencia humana. Dicha interpretación sostiene entonces que no hay entes cuánticos autónomos sino que dependen del observador. Esto contradice la tradición de la ciencia moderna y es contradictorio en sí: "Si cada uno de los átomos de mi cuerpo existe sólo en la medida en que puedo observarlo, entonces yo - un sistema de átomos - no existo, puesto que tengo otras cosas que hacer que observar de continuo a mis constituyentes" (Bunge, 1967a). Esta introducción del observador en la teoría ha sido funesta. En primer lugar porque si bien fue hecho sólo para la mecánica cuántica, la trascendió a través de comentadores dando lugar a expresiones tales como "Por fin ( ... ) se nos ha demostrado que también en los fenómenos físicos la actitud del observador condiciona al objeto observado. Nada más y nada menos - salvadas las distancias - que lo sostenido por ese axioma que creíamos privativo de las ciencias sociales" (Imaz, 1988). Lo que el autor llama axioma es una simple recomendación en toda ciencia: como el observador puede perturbar al objeto observado hay que esforzarse para que ello no ocurra. En segundo lugar porque retrasó la enseñanza de la mecánica cuántica en cursos normales. En la Unión Soviética fue prohibida durante muchos años por subjetiva. En Francia se comenzó a enseñar a nivel básico en todo el país por disposición del gobierno en 1967 (Levy, 1967). De todas maneras llevó a la desesperación a mucho aprendiz de físico que después de aprender la física clásica objetiva tenía que aprender la cuántica subjetiva; y para peor con todo el andamiaje histórico-filosófico-sicológico que se utilizó para construirla. Hermann Bondi (1979) sostiene que clarificando los conceptos básicos se los podría enseñar a niños de nueve años. Quizás sea un poco exagerado pero lo cierto es que la clarificación de las ciencias ha permitido presentarlas cada vez a un nivel más elemental de la enseñanza.

Muchas otras cosas se escribieron, algunas de las cuales aún persisten en los textos. Por ejemplo, se diseñaron "experimentos pensados" semiclásicos para probar la inconsistencia de la mecánica cuántica o su validez. Bohr formuló en 1925 un principio de correspondencia de alto valor heurístico que establecía ciertas condiciones para las cuales los resultados cuánticos pasarían a los correspondientes clásicos. Posteriormente se lo generalizó incluyendo la inversa en la forma de que a toda cosa clásica correspondería una cuántica. Se llegó a hablar de "reglas canónicas de cuantización" de resultados clásicos (Dirac, 1962, p. 11; Dirac, 1964; Lurié, 1968, pp. 45, 87, 125). Es curioso que en la última referencia, para el caso del electrón libre, se gastan varías páginas para desarrollar las fórmulas a cuantizar y otras varias para verificar el fracaso de la regla de cuantización. En realidad, la única regla conocida para construir cualquier teoría (no sólo la mecánica cuántica) es: "No hay rejas para construir teorías". De todas maneras, las analogías clásicas han tenido un gran valor heurístico en el desarrollo de la mecánica cuántica. Es un hecho conocido que la analogía es una fuente de generación de hipótesis.

Puede parecer extraño que los grandes físicos escribieran tantas cosas inútiles o erróneas. Para explicado, en primer lugar hay que recordar que un físico es un hombre y como tal, según dijera José Ortega y Gasset, es él y su contexto. En la década del 20 el contexto era un positivismo subjetivista y un alto desarrollo de la física clásica. En segundo lugar, había que demostrar que se trataba de algo totalmente nuevo y la doctrina de Copenhagen lo consiguió. Lo malo es que los que siguieron adoptaron inconscientemente la actitud acientífica de tomarla como dogma. Pareciera que esto es una actitud de los que siguen a los genios, pues ya Galileo se quejaba del dogmatismo de los peripatéticos, los seguidores de Aristóteles (Paschini 1965 P. 70).

Sobre la matemática que usa la mecánica cuántica

Es conveniente hacer algunas consideraciones sobre la matemática que utiliza la mecánica cuántica. La formulación más fructífera ha sido la abstracta de Dirac. Según dice en el prólogo a la primera edición de 1930 de su ya clásico texto (Dirac, 1962), esto permite expresar la teoría en una forma clara y precisa, y por consiguiente más profunda. Sin embargo, fue ignorada durante muchos años, incluyendo su elegante notación (la notación de Dirac) que actualmente usan todos los físicos aunque todavía no goza del favor de los matemáticos. El argumento es que la matemática involucrada es difícil.

Esto no es cierto; es sólo diferente de la utilizada en la física clásica desde Newton (su creador). Es esencialmente algebraica. A juicio del autor, es muy fácil llegar a ella como generalización intuitiva de conceptos elementales. Es una matemática que se había desarrollado en el siglo XIX y en el XX, y lo único que hizo Dirac fue sistematizarla, lo que se conoce como delta de Dirac. Esta fue resistida por los matemáticos y por ello von Neumann (Neumann, 1949) hizo su propia formulación sin usar la delta. Sin embargo, varios años después un matemático francés y otros rusos independientemente 6 justificaron iniciando así una nueva rama de la matemática.

Dos aplicaciones de la mecánica cuántica

La mecánica cuántica levantó la dualidad onda-partícula, mostrando que las partículas microscópicas (electrones, átomos, etc.) no son bolas de billar muy pequeñas sino otra cosa gobernada por otras ecuaciones. La dualidad onda-partícula en el campo electromagnético desaparece al hacer una teoría cuántica del mismo. Es de hacer notar que el comportamiento ondulatorio de los electrones contenido en la mecánica cuántica dio origen al microscopio electrónico construido por primera vez por Ernst Ruska en Berlín en la primera mitad de la década del 30. Otro hecho típicamente cuántico también merece mención por sus aplicaciones científico-tecnológicas: el efecto túnel. El nombre proviene de lo siguiente. Si se suelta una bolilla junto a la pared interna de un recipiente semiesférico, la misma sube del lado opuesto hasta aproximadamente la misma altura desde la que se la soltó; por razones de conservación de energía, la bolilla no puede escapar del recipiente. Pero cuando se trata de una partícula gobernada por las leyes de la mecánica cuántica, la misma tiene una probabilidad no nula de estar fuera del recipiente. Hablando clásicamente es como si hubiera cavado un túnel a través de la pared del recipiente. La primera aplicación práctica de esto fue el diodo de efecto túnel, uno de los dispositivos que revolucionó la electrónica. Más recientemente, en la primera mitad de la década del 80, los científicos Gerd Birnning y Heinrich Roher, del Laboratorio de Investigación de la IBM en Zurich, inventaron el microscopio de efecto túnel, un ultramicroscopio que casi permite "ver" los átomos. Recibieron el Premio Nobel por ello en 1986, compartiéndolo con Ruska por su invento del microscopio electrónico medio siglo antes (Robinson, 1986).

La teoría cuántica de campos

Sin embargo, quedaba la dualidad campo-partícula, equivalente a la dualidad mecánica-electromagnetismo clásicos que tanto preocupó a Einstein hasta su muerte. Dicha dualidad se levantó a partir de la segunda mitad de la década del 40. Se postuló que las partículas también son campos, naciendo así la teoría cuántica de campos. El primer éxito fue la electrodinámica cuántica, que pudo describir un pequeñísimo efecto medido por esos años con una precisión muy grande. Sin embargo, el problema es difícil y hay que proceder por aproximaciones sucesivas basadas en el hecho de que la interacción electromagnética es suficientemente débil, pero todavía quedan problemas matemáticos graves. Mientras tanto se habían descubierto otras dos interacciones además de las conocidas gravitatoria y electromagnética: la fuerte entre los nucleones componentes del núcleo atómico (protones y neutrones) y la débil asociada con la desintegración de núcleos con emisión de electrones o positrones. Estas también se tratan con la teoría cuántica de campos aunque todavía no con tanto éxito como la electromagnética debido a problemas matemáticos y al poco conocimiento que aún se tiene de ellas (no hay una ley como la de Newton para la gravitación o la de Coulomb para la electricidad). Mientras tanto se fueron descubriendo numerosas partículas elementales, algunas de masas intermedia ente la del electrón y la del protón (que fueron llamadas genéricamente mesones) y otras de masas mayores que la del protón. También se fueron descubriendo las correspondientes antipartículas. Una antipartícula tiene la propiedad de que al encontrarse con su partícula se aniquilan ambas con producción de energía radiante. Así, el positrón predicho por Dirac es el antielectrón. Estas partículas nuevas se crean en colisiones de muy alta energía; de hecho, para crear una partícula se requiere una energía igual al producto de su masa por el cuadrado de la velocidad de la luz de acuerdo con la equivalencia masa-energía descubierta por Einstein. Esta es la razón de que se hayan desarrollado los grandes aceleradores. Por ahora se está buscando un tratamiento unificado de todas esas partículas. Para ello se han introducido nuevas propiedades fundamentales además de la masa, la carga y el espín, las cuales han recibido curiosos nombres como "color" o "encanto". La única partícula que aún se resiste a ser descubierta es el gravitón, es decir, el cuanto del campo gravitatorio. Cuando se lo descubra quedará abierto el camino para la Gran Teoría Unificada, el gran sueño que Einstein no pudo cumplir porque se apartó del camino correcto: el cuántico

Simetrías

Otro campo de trabajo moderno en la mecánica cuántica es el estudio de las simetrías. La simetría ha preocupado al hombre desde tiempos lejanos. Prueba de ello son los motivos repetitivos en antiguos templos chinos o aztecas, en las vasijas de muchos indios de América y aún en los dibujos del pintor contemporáneo M.C. Escher y de los papeles para cubrir paredes. Los cristales están caracterizados por sus simetrías: se transforman en sí mismos (permanecen invariables) si se realizan ciertas traslaciones a rotaciones. Las moléculas tienen también simetrías, hecho que se viene* estudiando desde que Louis Pasteur (que era cristalógrafo) descubrió que los ácidos tartárico y racémico diferían únicamente en la simetría. En la física se estudian simetrías más profundas que las simplemente espaciales que se han mencionado. Están relacionadas con la invariancia de las leyes fundamentales frente a ciertas operaciones. Así, el principio de relatividad de Galileo y el de Einstein, son principios de simetría. Hasta Einstein, primero se construían las teorías y luego se estudiaban las simetrías y las correspondientes leyes de conservación. Es realmente afortunado que el principio de conservación de la energía, tan caro a toda la ciencia, se verificara en las teorías sin haberlo impuesto explícitamente de antemano. Einstein inaugura una nueva forma de trabajo: partir de postulados de simetría. Este es el enfoque que se ha utilizado sistemáticamente en la teoría cuántica de campos. Es un enfoque profundo y además necesario por cuanto las analogías clásicas ya no sirven para construir los operadores que representan propiedades o variables dinámicas de las partículas.

Positivismo y ciencia


Hay quien piensa que la ciencia es absoluta e inherente a todo cuanto existe, sin embargo el positivismo científico nos dice que todo lo que podemos saber es qué modelos matemáticos describen mejor la realidad, y en mi opinión esta es la forma más acertada de entender la ciencia. Por ejemplo, cuando abrimos la puerta de nuestra habitación, ¿álguien ha visto el vector fuerza de nuestro brazo sobre la puerta, y el vector reacción? o cuando se nos cae algo, ¿álguien ha visto el vector gravedad dirigido hacia el centro de la tierra? Espero que no…

Estos son modelos que describen el comportamiento de la realidad, y aunque muchos pretenden darle un significado absoluto no lo tienen, puesto que aunque se cumplan el 100% de las veces, una cosa es la realidad y otra distinta es cómo la describimos. Es evidente que cuanto mejor sea el modelo más se ajustará a la realidad. Pero el hecho de que no existen leyes absolutas es que muchos de los principios de la física se basan en hechos experimentales y no son deducibles de ningún modo, como las leyes de la mecánica de newton, o los principios de la termodínámica, en los cuales se basan muchas otras leyes con complejas ecuaciones matemáticas.

Yo soy de los que piensa que la ciencia simplemente describe el universo, pero no lo controla, pues muchas de las leyes tomadas como universales se han ido cayendo con el transcurso del tiempo. Por ejemplo, el movimiento de una partícula en un campo magnético no siempre cumple el principio de conservación de la cantidad de movimiento, al menos si no tenemos en cuenta el movimiento ondulatorio…

Y precisamente a este nivel, de física cuántica es donde más se encuentran las soluciones más insospechadas, como la invención de partículas para que las leyes funcionen y se cumplan los principios más universales como la ley de cavendish "La energía no se puede crear", y por tanto en un sistema aislado, la energía se conserva, sin embargo a nivel cuántico se inventó el gravitón, para que esto se cumpliera y no derribar otro pilar más.

¿Entonces la ciencia se construye sobre pilares defectuosos?
No, simplemente el universo está compuesto de tal cantidad de variables que no podemos conocerlas todas con exactitud, y como decía mi amigo Heisenberg, cuanto más conozcamos de unas, menos conoceremos sobre las demás.

Además en la ciencia siempre se hacen abusos como por ejemplo suponer ciertas variables constantes cuando no lo son, pero como varía muy poco, pues lo tomamos como constante. Por ejemplo, el periodo de un péndulo simple solo sigue la ecuación T = 2 \pi \sqrt{l/g} si el ángulo de oscilación es menor de 15º de forma que se pueden hacer aproximaciones, y así con la mayoría de las cosas, siempre hacemos suposiciones que funcionan a nivel macroscópico porque podemos despreciar decimales. Si por ejemplo la presión atmosférica en un laboratorio es de 1 \pm 0.00004atm podemos suponer que es constante y vale 1 atm. Pero claro, cuando nos introducimos en escalas tan pequeñas, no podemos despreciar esos decimales.

Y ya puestos, dado que la ciencia no rige el universo, ¿para que sirve? Pues no digo que la ciencia no sirve para nada, al contrario, la ciencia nos ayuda a descubrir lo complicado y simple a la vez que es el universo, y sin la ciencia no podríamos estar donde estamos ahora. Pero debemos pensar que la ciencia no es un todo absoluto ni mucho menos, y por ello los científicos deberían plantearse esta postura, porque fuera de partidismos filosóficos, el positivismo sirve al menos como una cura de humildad, ¿no?

En una carta a Albert Einstein, su colega Max Born le preguntaba acerca de su opinión sobre la nueva teoría cuántica, a lo que Einstein respondió su famosa frase "Dios no juega a los dados". Por aquel entonces comenzaba a proliferar la teoría cuántica, cada vez eran más las verificaciones de dicha teoría que si cabe se fundamenta en el famoso principio de incertidumbre de Heisenberg. Einstein no era menos genio por decir eso, él dedicó toda su vida a intentar unificar una teoría del todo, era claramente partidario del determinismo, y el hecho de tener que meter la probabilidad en el comportamiento del universo, le producía bastante malestar.

Así pues, la teoría cuántica terminó por imponerse, haciendo que los partidarios del determinismo "perdieran" la batalla. ¿Seguro? Puede pensarse que la incertidumbre conduce a que las ecuaciones que rigen el comportamiento de nuestro universo, ya sea a escala de la RG (relatividad general) o a escala de la TC (teoría cuántica) , al menos en teoría, predicen el comportamiento de las partículas a partir de unas determinadas condiciones iniciales. Bueno, esta aparente paradoja se soluciona sin más que darnos cuenta de que lo que viene a decir Heisenberg es que no podemos estudiar nada sin cambiarlo, en tal caso podemos pensar que las leyes se cumplen cuando nosotros no miramos. Igual que pasa con los juguetes, que cobran vida cuando no estamos en la habitación, parece que el universo se muestre reacio a que le miren y nos fastidie dandonos resultados extraños. En tal caso, Dios jugaría a los dados donde no podemos verle. ¡Pues vaya faena! Resulta que la ciencia ha descubierto que no se puede estudiar nada y precisar los datos por completo.

Cabe destacar que la incertidumbre, al menos en Mecánica Cuántica, surge en la teoría antes que en el experimento debido a que el álgebra de operadores es no conmutativa. Es decir, en Mecánica Cuántica el orden de factores SI altera el producto. Y esto hace que un par de magnitudes conjugadas (posición-momento, energía-tiempo, …) no se puedan medir simultáneamente y con infinita precisión. Si queremos medir con mucha precisión una de ellas, entonces la otra queda totalmente indeterminada.

De todo esto, se extrae que el indeterminismo rebosa por todas partes en el universo, no tanto a gran escala (donde las cosas son lo suficientemente grandes como para que les de igual que las veamos o no), pero sí a pequeña escala. Por lo tanto, puede parecer una contradicción total la búsqueda de la teoría del todo. ¿Si el universo es indeterminista, cabe la existencia de una teoría total?

He ahí el quid de la cuestión. Esa pregunta carece de sentido si la analizamos correctamente. El principio de incertidumbre de Heisenberg nos decía que al estudiar las cosas interferimos en ellas y el error es mayor. (No quiere decir que el principio de incertidumbre no se cumpla cuando estamos lo suficientemente lejos, simplemente viene a complementar lo bullicioso del mundo a nivel cuántico) ¿Qué tiene que ver todo eso con que exista una teoría del todo? Porque las predicciones de la tal teoría-M, que unifica con la RG y la TG, describen el funcionamiento del universo. Y digo describen, porque en realidad el universo indeterminado es el que observamos para medirlo y experimentar con él. El problema a nivel de la TC es que dominan fuerzas que son enormemente mayores que la gravitatoria. Por ejemplo, la electrostática es 10^{42} veces más intensa además de ser repulsiva y atractiva, y para complicarlo aún más la interacción fuerte y la interacción débil están presentes.

No podemos saber realmente si las partículas cuánticas se comportan de forma distinta cuando no las miramos, aunque es cierto que el papel del observador es algo que trae cola, porque parece que sin observador ocurren cosas que no son tales cuando no lo hay. Como por ejemplo, el efecto Zenón cuántico o el colapso de la función de onda, de las cuales ya hablamos en artículos precedentes.

Y volviendo al tema de este artículo, se ve enseguida que subyace una especie de determinismo a medias, en cuanto a que tenemos teorías buenas que predicen casi todo lo que puede pasar en el universo, pero hay cosas que no podemos saber, cosas que están indeterminadas y que por mucho que queramos no seremos capaces de dilucidar.

Quizás, a fin de cuentas, el universo sea un perfecto cosmos entre ambas opciones. No es la primera vez, ni será la última